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¿De qué murió Irma Lozano?

Por HolaDoctor -
¿De qué murió Irma Lozano?
CRÉDITO: MEZCALENT

La primera actriz mexicana Irma Lozano falleció la madrugada del lunes 21 de octubre, a los 69 años de edad, a causa de cáncer en las glándulas salivales, un mal que se hace presente anualmente en 2,5 a 3,0 casos por cada 100.000 personas en el mundo occidental, de acuerdo con el Instituto Nacional del Cáncer.

Los tumores de los conductos salivales son poco comunes, pero tienen algunos detonantes, por ejemplo, una cirugía abdominal, cirrosis hepática, infecciones, otros cánceres, sialolitos en los conductos salivales, infecciones de las glándulas salivales, sarcoidosis y síndrome de Sjögren.

Algunos de los síntomas que presentan los pacientes con este cáncer, como fue Irma Lozano, son una hinchazón firme y por lo regular indolora en una de las glándulas salivales (en frente de las orejas, bajo el mentón o sobre el piso de la boca) que aumenta gradualmente de tamaño, así como dificultad para mover un lado de la cara, conocida como parálisis del nervio facial.

Entre otros signos se encuentra líquido que sale de los oídos, dificultad para tragar o abrir la boca ampliamente, adormecimiento o debilidad en la cara y un dolor en la cara que no desaparece.

El mal que aquejaba a Irma Lozano le fue detectado a principios de este año. “Todo pasó muy rápido. En marzo (de 2013) me salieron unas bolitas en la mejilla, a las cuales no les di importancia, hasta que empezaron a crecer rápidamente; pero aún así, creí que era normal. Días después las extrajeron para analizarlas, y resultaron malignas”, comentó la artista en agosto de 2013 para la revista TV Notas.

Una de las maneras más oportunas para detectar este mal es a través de un examen  por parte de un médico o un odontólogo ya que si algo anda mal, se mostrará una glándula salival más grande de lo normal, por lo general en una de las glándulas parótidas.

Los exámenes pueden abarcar radiografías de las glándulas salivales (conocida también como sialograma o sialografía), tomografía computarizada o una resonancia magnética para confirmar si hay una masa y para ver si el cáncer se ha diseminado a los ganglios linfáticos en el cuello. La biopsia de las glándulas salivales o una hecha con aguja fina también son claves en el proceso de detección.

El tratamiento más recomendado es la cirugía para extirpar la glándula salival afectada. Si el tumor es benigno, por lo regular no se necesita de ningún otro tratamiento, pero si es maligno puede ser necesaria la radioterapia o cirugía extensa. La quimioterapia se utiliza en pacientes considerados de alto riesgo o cuando la enfermedad se ha diseminado más allá de las glándulas salivales.

Uno de los mayores riesgos de este padecimiento es que los tumores cancerosos puedan causar complicaciones mayores, por ejemplo, la diseminación a otros órganos del cuerpo (metástasis). Además, en contadas ocasiones, la cirugía para extirpar el tumor puede lesionar el nervio que controla el movimiento de la cara.

Si presentas dolor al comer o masticar, notas una tumoración en la boca, debajo de la mandíbula o en el cuello que no desaparece en 2 a 3  semanas o que se está agrandando, consulta a tu médico.

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