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Mecanismo cerebral conecta el olfato con el apetito

Por HolaDoctor -
Mecanismo cerebral conecta el olfato con el apetito
CRÉDITO: SHUTTERSTOCK

A diario nos exponemos a los aromas de alimentos que pueden resultarnos irresistibles y más si tenemos hambre, hasta ahora, el mecanismo cerebral responsable de esta conexión entre el hambre, el olfato y la ingesta de comida era desconocido, sin embargo, una investigación de la Universidad del País Vasco halló un receptor clave en este proceso.

De acuerdo con lo publicado en la revista Nature Neuroscience, en un estado de hambre el aumento de la ingesta de alimento tras oler comida está vinculado a un receptor cannabinoide del tipo 1 del bulbo olfatorio, comúnmente abreviado CB1.

Para llegar a dicha conclusión se realizó el estudio en ratones durante cuatro años y se comprobó que en situaciones de hambre, se sintetiza un tipo de cannabinoide endógeno específico, la anandamida, que actúa sobre un receptor concreto, el CB1. Estos receptores están localizados en las terminales nerviosas en el bulbo olfatorio.

Durante la experimentación, los científicos vieron que al bloquear farmacológicamente o eliminando genéticamente (mediante la generación de ratones carentes de los mismos) el receptor CB1, los ratones comían menos en situaciones de hambre.

Para sus autores, la aplicación de este estudio podría dar lugar a nuevos fármacos que fueran útiles para el tratamiento de determinados trastornos de la alimentación. Por ejemplo, en personas con anorexia podría ayudar a estimular la ingesta de alimento y, por el contrario, en casos de obesidad, el objetivo sería intentar reducir la función de estos receptores CB1.

Huele, huele

El Instituto Nacional de la Sordera y otros Trastornos de la Comunicación (NIDCD, por sus siglas en inglés) refiere que el sentido del olfato forma parte de nuestro sistema sensorial químico, o los quimiosensores. Las células sensoriales en nuestra nariz, boca y garganta tienen la función de ayudarnos a interpretar los olores, así como los sabores. Las moléculas microscópicas que se liberan a nuestro alrededor (por los alimentos, las flores, etc.) son las que van a estimular estas células sensoriales. Una vez que las células detectan las moléculas envían un mensaje a nuestro cerebro, donde el olor es identificado.

Las células olfativas o células nerviosas del olfato, son estimuladas por los olores que están a nuestro alrededor, como el de una gardenia o el del pan que está en el horno. Estas células nerviosas se encuentran en la parte superior del interior de la nariz y se conectan directamente al cerebro. Nuestro sentido del olfato es también influido por algo llamado el sentido químico común. Este sentido incluye las terminaciones nerviosas en nuestros ojos, nariz, boca y garganta, especialmente en las superficies húmedas. Más allá del olfato y el gusto, estas terminaciones nerviosas nos ayudan a sentir otras sensaciones que son estimuladas por diferentes sustancias, y que producen lágrimas en los ojos al cortar una cebolla o la sensación refrescante de la menta.

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