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Las últimas libras

Por Eleazar Lara-Pantin, MD, MSc.* -
Las últimas libras

Con frecuencia oímos comentar a personas que siguen programas para rebajar de peso lo difícil que les ha sido terminar de bajar las libras o kilos que les faltan. Esta expresión, casi siempre acompañada de las palabras ansiedad o desespero, refleja una actitud que, por su enorme importancia, merece ser analizada.

Cuando una persona toma la decisión de buscar solución a su problema de gordura, generalmente espera que sucedan dos cosas: que esa solución sea fácil y que logre bajar rápidamente un número determinado de libras o kilos. Lo de la facilidad y la velocidad lo hemos analizado en artículos anteriores y hoy sólo queremos recordar que las cosas importantes de la vida se logran con esfuerzo y que la pérdida acelerada de peso es la mejor forma de volver a engordar en poco tiempo. Hoy vamos a concentrarnos en el asunto de la meta prefijada.

Fijarse metas es algo fundamental en todas las cosas de la vida. Es importante proponerse llegar a alcanzar algo y tener una idea bastante clara de ese algo que queremos alcanzar. Es aquí donde está el problema que nos preocupa: la falta de claridad con relación a la meta que queremos alcanzar cuando nos proponemos a enfrentar el rechazo que sentimos por nuestra figura corporal afectada por depósitos de grasa.

Si bien es cierto que pesarse es la forma más práctica y sencilla de medir la magnitud de un problema de gordura y de evaluar la efectividad del plan que hemos escogido para enfrentarlo, no es buena idea amarrar la meta deseada a un número de libras o kilos que creemos que demos rebajar. Éstas son las razones:

No es posible precisar cuál es el peso ideal que nos garantice vernos bien, sentirnos bien y bajar los riesgos a sufrir enfermedades. Las tablas que refieren un peso deseable para una determinada estatura deben utilizarse para orientar hacia dónde debemos esperar llegar cuando seguimos un programa de dieta y ejercicio, no para obsesionarnos con la cifra anotada y angustiarnos o desesperarnos porque el proceso de bajar de peso se detiene antes de que podamos alcanzarla. Dicha obsesión, más común que lo que mucha gente pueda imaginar, además de ser injustificada, se convierte por sí misma en un problema adicional.

Decimos que es injustificada porque las libras o kilos de más nos molestan principalmente porque afectan nuestra figura corporal y no queremos estar como nos vemos repetidamente en el espejo. Tampoco queremos, cada vez que nos vamos a vestir, pasar por la desagradable experiencia de no podernos poner la ropa que nos gusta. Si pudiéramos tener varias libras o kilos de más y seguir siendo delgados, no nos importaría cuánto pesamos. Lo que vemos a diario es que la obsesión por alcanzar la meta definida en libras o kilos nos impide darnos cuenta que ya nos vemos bien ante el espejo y que ya podemos volver a usar la ropa que antes no nos servía, sobre todo si hemos estado haciendo ejercicios que hayan aumentado nuestra masa muscular mejorando al mismo tiempo nuestra figura.

Y decimos que se convierte en un problema adicional porque la angustia de sentirnos incapaces de perder “las cinco libras que nos faltan” es, casi siempre, un factor que agrava la ansiedad que nos lleva a comer más de lo debido, alejándonos aún más del logro de la meta.

Siempre les he recomendado a mis pacientes que más importante que una báscula para pesarse es tener un espejo que les permita verse de cuerpo entero. Así es que deja de preocuparte por tu peso y concéntrate en llevar un estilo de vida sano y activo, así llegarás fácilmente a tu meta.

Eleazar Lara-Pantin, MD, MSc.

 

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