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La alimentación y la familia

Por Eleazar Lara-Pantin, MD, MSc.* -
La alimentación y la familia

El alarmante crecimiento de la obesidad en los Estados Unidos envuelve, como es evidente, tanto a los adultos como a los niños. Siendo la obesidad un problema con fuertes raíces familiares, ya que los hábitos alimentarios se aprenden en la mesa que los padres comparten con sus hijos, es imposible imaginar que esos malos hábitos alimentarios transmitidos a través de los ejemplos no vayan a producir en éstos el mismo daño que ya produjeron en sus padres.

 Y no es un asunto de herencia, aunque ésta pueda contribuir de alguna manera, sino de ese proceso educativo continuo que se cumple a través de la observación, en los años cruciales del crecimiento infantil al lado de los padres.

Pero el problema no se limita a los malos ejemplos representados en el comer cantidades exageradas de comida frente a la curiosa mirada de los niños o en la preferencia por las frituras, los dulces, los helados y las gaseosas, sino que, en muchas familias, se acostumbra a premiar las cosas buenas de los niños con alimentos de este tipo o a castigarlos prohibiéndoselos, lo cual lleva a una asociación poco conveniente que lleva a la mayoría de los niños a desear con mayor fuerza las cosas que más engordan.

Precaución con las dietas restrictivas

Por otra parte, muchos de esos padres que han facilitado todo para que sus niños sean obesos con frecuencia nos preguntan qué tipo de dieta pueden darles para ayudarlos a bajar de peso, ante lo cual insistimos siempre en la necesidad de evitar las dietas restrictivas que puedan afectar el proceso de crecimiento que nos obliga a tener especial cuidado con su alimentación en una etapa tan importante de sus vidas. Pero, lo que hace más difícil el manejo de estos casos es que muchos padres quieres que sus hijos bajen de peso mientras ellos mantienen su gordura y siguen comiendo las cosas que los engordaron a  todos en la misma mesa que comparten con sus hijos.

Evita el sedentarismo

Al factor alimentario se le agrega con frecuencia otro componente que tiene también una extraordinaria importancia. Me refiero a la falta de actividad física. El sedentarismo es otro de los elementos que, de manera involuntaria y a través del ejemplo diario, se transmite de los padres a los hijos. Y esto es lógico porque es muy posible que ésta sea una de las causas de la obesidad de los adultos de la casa; y un niño que tiene como ejemplo constante el poco interés de sus padres por la práctica disciplinada de ejercicios, termina por asumir la misma preferencia por pasar su tiempo libre sentado frente al televisor, al computador o concentrado largo tiempo en el equipo de video juegos.

Entre las muchas cosas que los padres tenemos que enseñar a nuestros hijos está el comer saludablemente y mantenerse activos porque es cada día mayor el número de niños que ve afectada su salud y el rendimiento escolar como consecuencia del exceso de peso acumulado desde las etapas iniciales de sus vidas.

* Especialista en Nutrición. Vicepresidente de Desarrollo de Productos de DrTango, Inc.

 

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