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El comer, un placer olvidado

Por Claudia M. González, MS, RD, LD/N* -
El comer, un placer olvidado

En nuestra búsqueda por mantenernos delgados, nos hemos olvidado que la comida es sagrada, esencial para la vida y que también es un placer.

Aún cuando estamos a dieta, una alimentación balanceada es vital para que el cuerpo reciba todos los nutrientes necesarios para su buen funcionamiento. Sin embargo, no siempre nos alimentamos bien a la hora de perder peso y nos olvidamos de la importancia de los alimentos en nuestra vida.

Este problema es bastante agudo en los Estados Unidos. Para muestra, basta con un ejemplo conceptual: el Departamento de Agricultura de este país recomienda a los consumidores el comer cinco porciones de frutas y verduras al día, mientras que en Canadá se recomienda disfrutar cinco porciones de frutas y verduras al día. ¿Acaso nos hemos olvidado de que comer es un placer?

Por el bien de nuestros cuerpos y almas, en esta cultura de apuro y sobrepeso, es preciso buscar un balance entre nuestro afán de estar delgados y el placer que produce un buen plato de comida.

Una lenta tortura

En nuestra sociedad, nos hemos acostumbrado a creer que las dietas deben ser estrictas e inflexibles, que los alimentos saludables no tienen buen sabor y que morirse de hambre es la solución.

De hecho, muchas personas que están a dieta creen que mientras más hambre padecen, más éxito tendrán con su dieta. Y el privar al cuerpo de la cantidad adecuada de alimentos y nutrientes tiende a verse como el camino para lograr el peso ideal.

Con semejantes creencias, estamos ignorando los principios básicos de las funciones de los alimentos. Éstos, aparte de nutrirnos, deberían de disfrutarse.

Comida y emociones

Aunque es cierto que a veces nos refugiamos en los alimentos cuando las cosas no van bien, también es cierto que nuestras celebraciones, como el cumpleaños de un ser querido o la cena navideña, están unidas a una buena comida.

En culturas y religiones orientales, los alimentos tienen un significado especial. Es decir que mientras se come un pan, por ejemplo, se piensa en el proceso de transformación que tuvo el grano integral al convertirse en pan. Durante la preparación de las comidas, se tienen pensamientos positivos para que éstas bendigan al cuerpo y provean salud.

En nuestra cultura occidental, podríamos aplicar estos principios si saboreáramos más los alimentos al comer, fijándonos en su textura, olores y disfrutando cada bocado, lejos de la rapidez en que vivimos. De esta forma, quizás, podríamos controlar nuestro peso y evitaríamos matarnos de hambre en el transcurso.

La dieta adecuada

No existe la llamada “dieta perfecta", pero sí la “dieta” que le corresponde a cada ser humano, dependiendo de su cultura, gustos, estilo de vida y estado de salud. Para lograr ese balance en la nutrición, la dieta debe ser individualizada y diseñada de acuerdo a las necesidades personales de cada uno.

Los principios de una alimentación sana son muy simples. La clave está en comer una amplia variedad de alimentos diferentes que se complementen entre sí y no someterse a una dieta rígida, pues nadie sería capaz de soportarla eternamente. Es mucho más sencillo introducir pequeños cambios en las costumbres de alimentación que puedan durar toda la vida y que mejoren el balance nutricional y de salud.

La próxima vez que te pongas a dieta, disfruta de los alimentos y cómelos con placer. Y recuerda que las dietas saludables y balanceadas no son las que matan de hambre ni a tu cuerpo ni a tu alma.

*Dietista


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