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Las pesas la salvaron de la anorexia

Por Gabriela Garcia -
Las pesas la salvaron de la anorexia

Lisa Cross es una mujer de 35 años con un físico imponente, pero con un pasado de anorexia, ya que de adolescente solo pesaba 91 libras y era tan delgada que usaba ropa infantil. Recuerda que odiaba su cuerpo, solo comía unas 500 calorías diarias, mayormente frutas y agua para aplacar el hambre.

La joven sentía mucha presión por parte de su familia, pero encontraba cierto placer en no comer porque lo tomaba como una decisión sobre la que tenía un control total. Con el tiempo se fue volviendo cada vez más hosca, y no quería conversar con nadie por miedo a que surgiera el tema de la comida.

Un verano, cuando ya tenía 17 años, su padre le tomó una foto en bikini para que viera su imagen, y algo la movilizó. Pero lo peor fue que se le empezó a caer el cabello, y eso es una catástrofe para cualquier adolescente. Empezó a cambiar sus hábitos alimentarios y llegó al talle 12 con 163 libras de peso (73 kg). Pero como sentía miedo a la comida,  pasaba entre 3 y 4 horas en el gimnasio haciendo cardio para gastar calorías.

Cuando terminó la escuela secundaria consiguió una beca en la Universidad de Birmingham y al tiempo partió a Japón para trabajar como maestra de inglés. Allí se puso de novia con un físicoculturista japonés que la entusiasmó con esta disciplina. Compró libros por Internet y se fue familiarizando con el tema, y él le enseño secretos sobre nutrición. Hasta ese momento, la comida siempre había sido un problema para ella, y hoy en cambio, la toma como el combustible para que su cuerpo pueda funcionar.

Su dieta se reparte en 10 comidas que suman 5,000 calorías al final de cada día. Come avena, arroz, batidos de proteínas, bebidas deportivas, pavo, bifes y brócoli. Hoy dice que se siente más saludable y sexy que nunca, y su sueño es competir para Miss Olympia, una competencia mundial que premia a los mejores físicoculturistas. Pese a sus deseos, no figura entre las aspirantes para la edición 2013 del 26 de septiembre. 

Hoy está de vuelta en Inglaterra, maneja un gimnasio comunitario, entrena una hora y media al día, seis veces por semana, trabaja como modelo y tiene algunos patrocinadores. Reconoce que para ella, el entrenamiento es adictivo, ya que produce endorfinas que le dan felicidad. ¿Y quién puede resistirse a la felicidad?

 

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